Un notable espejo, mezcla de aguas marinas y continentales, albergue de centenares de aves que buscan refugio luego de largos periplos desde Alaska o Islas Malvinas, uno de los pocos sitios de nuestro país donde habita el flamenco, y también el sapito de Darwin —una especie amenazada a nivel mundial—, y donde la ballena franca no pierde la oportunidad de darse una vuelta: bienvenidos al Paisaje Protegido Laguna de Rocha.
Héctor Caymaris llegó a la Laguna de Rocha, hace 14 años, a cumplir —en aquel entonces— la travesía de ser el guardaparques del lugar, cuando esa figura era prácticamente desconocida, cuando hablar de áreas protegidas era una incipiente idea asociada al exterior; pero llegó con el entusiasmo, el ímpetu y el tesón de quién quiere verdaderamente lo que hace, y está decidido a hacer camino al andar. ¡Vaya tarea! la de custodiar, proteger, y promover el disfrute y el uso adecuado de esta maravilla de la naturaleza, transitando por la delgada línea de equilibrio entre conservación y desarrollo: bienvenidos al oficio del guardaparques.