El Geoparque Mundial Grutas del Palacio se encuentra en Flores, abarca unos 3.600 kilómetros cuadrados y tiene carcterísticas únicas en el planeta. Está compuesto por 14 geositios, como son la Localidad Rupestre de Chamangá y la propia Gruta del Palacio ingresados al Sistema Nacional de Áreas Protegidas en 2010 y 2013 respectivamente.

 

En ellos se destacan cavernas, pinturas rupestres sobre grandes rocas, llanuras, colinas y cerros, canteras abandonadas, grandes lagos, arroyos y ríos, una falla geológica de más de un kilómetro de extensión, arenales con vestigios indígenas, y un mar de piedras.

 

Las formaciones rocosas que se pueden ver en el Geoparque son muy antiguas, ya que datan del Precámbrico, aunque también se pueden encontrar en él diversos tipos de rocas y sedimentos característicos de otros periodos geológicos.

 El sábado 28 y domingo 29 de marzo y desde el miércoles 1 al sábado 4 de abril de 2015 se podrán realizar visitas guiadas por los “Palmares de Cuico”, ubicados en las inmediaciones de Termas de Guaviyú (Paysandú).

Los Palmares de Cuico, zona privilegiada de la naturaleza, forman parte de los senderos de alto valor paisajístico de las “Estaciones Biofore” de la empresa UPM desde 2014. Se trata de senderos en zona de recuperación de palmares butiá yatay.

El ombú es una especie que generalmente se desarrolla aislado, solitario aunque en este lugar se encuentra una agrupación de más de 80 ombúes que forman un monte. La copa del ombú puede alcanzar los 20 metros de circunferencia y el tronco es de madera esponjosa y su corteza es blanda; generalmente su tronco está muy desarrollado y junto a sus fuertes raíces, forman una especie de pedestal. Diferentes pájaros animan sus copas ya que sus frutos son atractivo alimento para el zorzal, la torcaza, la calandria, el hornero y el picaflor.

Es un área natural, ubicada entre las costas del río Uruguay y el arroyo Caracoles Grande; sobre la costa podemos ubicarla por estar localizada entre la continuación de Las Cañas y la Isla Vizcaíno, a aproximadamente 25 kilómetros de la ciudad de Fray Bentos, en la zona de la Colonia Tomás Berreta.

Cubre una extensión superficial de 25 hectáreas, las que pertenecieron hasta agosto de este año al Instituto Nacional de Colonización, quien está cediendo el predio a la Intendencia de Río Negro, con el fin de proyectar un desarrollo ecoturístico en coordinación con Instituto de Colonización, Dirección Nacional de Medio Ambiente, autoridades de la Intendencia de Río Negro, Junta Departamental, pobladores de la Colonia Tomás Berreta y todas aquellas personas que se sientan identificadas a trabajar y aportar ideas en pos del objetivo trazado. Más información: http://potreroelburro.blogspot.com/

Uno de los atractivos recreativos que ofrece la ciudad de Salto es su zoológico, el cual alberga 150 especies y 450 ejemplares, que habitan en predios de extensa vegetación. Un paseo para toda la familia.

A 12 kilómetros de la ciudad de Fray Bentos, ingresando por Ruta Nacional Nº 2 e intersección con la 24, se encuentra la Estación de Cría de Fauna M´Bopicuá, donde existió antiguamente un saladero con el mismo nombre.

La reserva no está abierta al público aunque puede ser visitada por grupos de Instituciones Educativas, que pueden realizar desde marzo a agosto un recorrido didáctico, donde se encuentran especies de fauna típica del país. Contacto: Tel.: 4560 2860 - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

El Parque Nacional de los Esteros de Farrapos e Islas del Río Uruguay integran el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) e involucran una superficie de 17.495 hectáreas. Se considera a ésta la segunda área RAMSAR (Acuerdo Internacional en materia de Conservación de la Diversidad Biológica Mundial) en Uruguay.

Son bañados costeros de "baja ocurrencia" en el resto del país, con profusión de pajonales, montes nativos, marismas, pantanos, tuberas (estancamientos de agua dulce o salobre) y un ecosistema casi cerrado. Se sitúan al oeste del río Negro, sobre el curso bajo del río Uruguay, al sur de la localidad de San Javier. La mayor parte de esta área es de propiedad estatal (Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente).

Desde el punto de vista morfológico, integran la planicie elevada del litoral, que alternan alturas con llanuras y aluviones. Comprende los limos de la formación Fray Bentos originada en la era Terciaria. Los suelos de Farrapos se caracterizan por drenaje imperfecto, lo que establece la proliferación de suelos inundados. El agua demora en retirarse en medio de una flora de algarrobos y espinillos. El suelo está ocupado por praderas, pajonales y caraguatales. En el monte ribereño se encuentran el Sarandí Blanco, el Sarandí Negro, el Viraró, el Curupí, el Palo Cruz, el Palo Amarillo, la Pitanga y el Guayabo Blanco.

Lo que impacta en Esteros, es la fauna. Allí viven y se reproducen muchas especies valiosas, en peligro de extinción, como el Dragón y el Capuchino de Collar. Se ha confirmado también la presencia del Aguará Guazú, el más grande de los cánidos sudamericanos cuyos registros son casi inexistentes. También se encuentran lagartos, tortugas, 104 especies de aves desde el buitre da Cabeza Roja al Chajá y la Pava de Monte; 15 especies de mamíferos con abundancia de Carpinchos y Zorros de Monte, así como un amplio espectro de peces.

Contacto Teléfono: 4569 2652.

Parque diseñado al estilo francés de la época, (1900) con trabajo diseñado por su dueño Benito Solari, comerciante, productor agrario y político gobernante de Salto. Consta de 17 hectáreas, numerosas especies de árboles y flores, un lago con estatua, senderos y otros elementos compositivos. Donado al Pueblo de Salto en su testamento de 1923. En su esquina nor-oeste se ha abierto recientemente el Jardín del Descubrimiento Español, diseñado por Leandro Silva Delgado, cuyo nombre lleva. Fue declarado Monumento Histórico Nacional el 9 de noviembre de 1983.

Al llegar, ya casi mediodía de aquella primavera de sol intenso, sentimos que había valido la pena. Algunas lecturas y charlas con personas que nos decían "es lindo, tienen que ir" hicieron que emprendiéramos el recorrido que, en cuestión de algo así como 70 kilómetros desde la ciudad de Paysandú, nos cambió la geografía e hizo saborear ese gustito a aventura que conlleva planificar un viaje familiar hasta un sitio desconocido.

Es que Paysandú, como otros lugares del interior del Uruguay posee verdaderos tesoros escondidos que, descuidados durante generaciones enteras, aún siguen allí, esperando ser redescubiertos. Mudo testigo del tiempo, la rinconada natural que conserva las ruinas del Saladero Guaviyú, nos recibió solitaria y en flor. Florecidas estaban las enredaderas, las tunas y algunos árboles autóctonos aunque las pitangas ofrecían no sólo generosa sombra sino también sus deliciosos frutos al paladar recién llegado.

Al fondo, las profundas aguas del río Uruguay en el antiguo muelle de piedra, otrora utilizado para embarcar los productos saladeriles con destino de ultramar. Acampamos. El abuelo se dispuso a bajar la parrilla, el asado y la leña.

El resto, cámara en mano, nos fuimos a caminar. Si indescriptible es la sensación de aventura que sienten los niños al adentrarse en las ruinas de gruesos ladrillos, pasar por aberturas de puertas todavía existentes, caminar entre las raíces de añosos árboles, sorprender algún pájaro, huir de un lagarto que aparece a lo lejos, subir hasta el lugar donde aún se elevan las chimeneas del saladero y apreciar desde lo alto la belleza del río Uruguay, faltaría a la verdad si no admito que también los grandes nos sentimos un poco chicos exploradores.

Sin la información adecuada al visitante, las ruinas del saladero Guaviyú son tan sólo un bonito lugar y un buen sitio para pescar. Por eso, la Mesa Zonal de Quebracho emprendió el desafío de desarrollar allí un proyecto de turismo ecocultural con el objetivo de poner en valor el lugar que hoy cuenta con dos senderos --uno natural y otro cultural-- que a través de cartelería adecuada dan cuenta de la flora nativa y los valores arqueológicos e históricos del lugar.

Quien posea algo de sensibilidad histórica pronto caerá en la cuenta que se respira allí un aura del pasado que evidencia lo que la mano del hombre hizo en el lugar.

Es que las ruinas del otrora saladero "San Pedro" --también llamado saladero "de Piñeyrúa", por sus primeros dueños o "Guaviyú", por su ubicación-- son el testimonio de la existencia de no sólo una industria de primer orden en lo departamental y nacional en el siglo XIX, sino también de una población numerosa y activa que luego desapareció como por arte de magia.

Sin embargo, parte del alma de aquella época aún está vivo en la zona. Lindero al área actualmente habilitada como paseo público está el lugar donde estuvo enclavada la espléndida casa quinta de don Nicanor Amaro, primeramente administrador y luego co-propietario del saladero.

Se trata de un sitio que hoy no está librado al acceso de los visitantes por tratarse de una propiedad privada en manos de colonos del Instituto Nacional de Colonización. No obstante, en nuestra visita y como algo excepcional estas personas tuvieron la gentileza de permitirnos ingresar y recorrer el lugar.

De la casa, que estaba coronada por un mirador y además contaba con un pequeño estanque artificial que surtía de agua a numerosas piletas desde donde se regaba la quinta, hoy nada queda.

Sin embargo, todavía, como mudos centinelas, se conservan enhiestos entre la maleza y el monte dos grandes pilares que otrora sostuvieron el portón a través del cual se ingresaba al parque, así como "misteriosos" túneles sobre los cuales alguna vez se tejieron numerosas historias pero que no son nada más que los desagües de las aguas pluviales y residuales de la casa.

Caminar por aquellos lugares puede deparar gratas sorpresas, como encontrar limoneros y naranjos y diversos árboles ornamentales de los que se conservan aún algunas thyas, magnolias, paraísos y jacarandás. Ellos son lo único vivo que queda de aquellos lejanos tiempos. Son la memoria vegetal.

Aquel atardecer de primavera, a poca distancia de la desembocadura de arroyo Guaviyú en el río Uruguay, caminando entre el monte me encontré en un lugar descampado y sentí de pronto un escalofrío al darme cuenta que estaba en medio de lo que una vez fue una avenida de cipreses.

No fue difícil imaginar lo que habrá sido la vida allí en aquellos tiempos, las voces, los ruidos, los miedos, desvelos y sueños. Tampoco fue difícil hallar la salida. Tuvimos la ayuda de un bonito e intenso perfume: cerca del centenario pórtico por el que había ingresado al predio, y en medio de la frondosidad de un monte nativo que avanza inexorablemente como si intentara tapar todo vestigio de huella humana reclamando así al tiempo lo que alguna vez suyo fue, un enorme árbol de magnolias en flor rendía cuentas a su cíclico destino.

Montes del Queguay , la zona boscosa más importante de Uruguay que próximamente ingresará al Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Uruguay, es objeto de distintas propuestas ecoturísticas destinadas a los visitantes, tales como avistamiento de aves en los humedales de Rincón de Pérez, sendero para el reconocimiento de flora autóctona y centro interpretativo de flora y fauna.

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