Guichón, entre menhires y sendas milenarias

Hace unos 30 años técnicos del MGAP miraban fotografías aéreas de la zona Este del departamento de Paysandú cuando vieron una traza que aparecía por tramos. Los viejos peones de estancia ya sabían de qué se trataba: “El Camino de los Indios”. Muy cerca de allí, en las inmediaciones de Piñera, se sitúa también lo que podría ser un valle de menhires similares a los existentes en Argentina o Europa. Sin embargo, el avance de la forestación es considerado una amenaza a estos vestigios culturales prehispánicos. “Mientras en otros países se preserva, aquí les plantamos eucaliptus encima”, afirmó el guía de ecoturismo Carlos Urruty, quien considera que “estamos perdiendo la oportunidad de desarrollar comunidades basadas en el aprovechamiento de los valores culturales y el uso responsable de los recursos naturales”.

Tape avirú o “Camino Mullido”, una senda milenaria

Las fotografías aéreas antes mencionadas mostraron lo que parecía una senda con un ancho casi constante de 6 a 8 metros, con poca cobertura de hierbas y en algunas partes un leve desnivel o desgaste del suelo. Luego nuevas cartografías, fotografías aéreas, vuelos y trabajos de campo permitieron determinar un trazado casi constante desde las proximidades de la estancia “La Lolita” en Morató (sobre continuación de ruta 90 al Este, “Ruta de los Charrúas”) hasta el río Queguay Chico a la altura de la ruta Nº 4, con una extensión de unos 60 kilómetros en dirección Este – Oeste.

En el año 2002, Agrupación Creativos de Guichón, en el marco de sus objetivos de impulso al ecoturismo y al rescate del patrimonio histórico cultural de la zona apoyó los trabajos de investigación del llamado “Camino de los Indios”, iniciado por el técnico en suelos Juan Carlos Palacios.  A esas investigaciones se sumaron los aportes del geólogo argentino Alfredo Ernst, quien determinó que no se trata de una falla geológica, y los del profesor universitario paraguayo Félix de Guaraña --especialista en culturas aborígenes, estudios antropológicos y lengua guaraní-- quien opinó que se trata de uno más de los cientos de caminos prehispánicos de América llamados “Tape avirú” (Camino Mullido),  formado por hierba de poca altura que no deja crecer a las demás y en cuyo manejo los guaraníes eran expertos utilizándola para marcar sus recorridos.

“De todo el recorrido descripto, el trazado mejor conservado está o estaba en la estancia “Las Calagualas”, (próxima a Paso del Sauce, Río Queguay Grande). Tal es así que se veía muy claramente incluso desde el aire y en una estancia de la zona lo usaban como pista de aterrizaje para el avión”, expresó Urruty quien además de ser guía de ecoturismo en la zona, fue integrante del Grupo Creativos de Guichón y en los últimos años ha venido trabajando activamente por la difusión de la existencia de estos bienes culturales y la necesidad de su protección.

Interés local motivó la investigación

“Los ingenieros agrónomos Gerardo Acosta, Pico Altamirano y el técnico Juan Carlos Palacios son los precursores en la investigación de la traza o posible camino”, afirmó Urruty, quien recordó que el tema ocupó especialmente a la Agrupación Creativos (2000-2010), grupo impulsado por Pablo Valdez, que comenzó como equipo de producción para un programa de radio en Guichón que dirigía Remigio Guichón, y que posteriormente integró también al doctor Atilio Esquivel (Paraguay) entre otras personas.  Cultura, medio ambiente, historia y turismo fueron temas trabajados desde una perspectiva local y con el objetivo de impulsar posibilidades de desarrollo en rubros no tradicionales. “La Agrupación Creativos trabajó en el análisis del potencial de los recursos naturales e históricos de la zona, realizando actividades de relevamiento, estudio, sensibilización, difusión y promoción. Dentro de estas actividades uno de los temas abordados fue el llamado Camino de los Indios”, recordó.

Respecto a las características de esta traza, señaló que se ve básicamente en suelos de basalto superficial y tiene un ancho de 6 a 8 metros en los que el suelo presenta un desgaste (pérdida de capa fértil), lo que hace que se vea la piedra. “La se traza une con algunos de los cerros más importantes; en el caso del Cerro Cambará cruza por encima, en Cerro Grande, Padilla y María Piquí lo hace en su ladera. También llega al arroyo Corrales, Queguay Grande y Chico, lugares de poca profundidad. En el río Queguay Grande cuando la traza llega al monte se visualiza como una entrada, donde se perciben especímenes de menor tamaño, como si en ese lugar los hubiesen cortado. En invierno y cuando aparecen las primeras heladas que queman el pasto, donde está la traza se marca más la diferencia de colores, visualizándose una franja más clara. En algunos lugares las piedras fueron corridas y alineadas en la misma dirección de la constante del camino, permaneciendo con menos piedras el ancho de la franja de unos 6 a 8 metros”.

 ¿Guichón vinculado a una ruta trasandina?

Para Urruty, Palacios fue  una de las personas que más trabajó en la investigación de la traza y el posible Camino de los Indios. Realizó diferentes instancias como salidas de campo, entrevistas, recopilación bibliográfica, participación en seminarios, ponencias. “En 2002 con el apoyo de la Agrupación Creativos nos mostró la proyección de la traza en el mapa y lo  su posible conexión con pasos importantes en los ríos como el paso El Hervidero en el río Uruguay y paso San Gregorio en el río Negro. En la proyección hacia el Sureste coincidiría con el llamado Camino de los Indios en el departamento de Rocha, el cual llega al Océano Atlántico. En una posible proyección hacia el Noroeste llevaría hacia la zona de los Esteros de Iberá en Argentina y su continuación podría llegar al Perú por caminos alternativos”, explicó.

Se plantea incluso la posibilidad de una conexión con la “Ruta de Wiracocha”, “Ruta Mullida” o “Ruta de la Sabiduría”, que une el Océano Pacífico y el Atlántico desde el Perú hasta la zona Sur de Brasil, contiguo al Uruguay.

“María Scholten, una arqueóloga holandesa que vivió en Perú, muestra que los pueblos incas y pre incas utilizaban una diagonal de 45 grados entre los ejes Norte-Sur para unir sus ciudades y templos, diagonal que era una ruta, que sería la misma que el arquitecto Carlos Milla Villena proyecta hasta el Océano Atlántico. Casi en el mismo ángulo de diagonal de 45 grados se visualiza en nuestra zona la traza que en su proyección llegaría al Océano Atlántico en el departamento de Rocha con límite en el Brasil”, dijo Urruty, quien además recordó que el petroglifo de Cuchilla del Fuego, (Queguay Chico), declarado en 2005 Monumento Histórico Nacional es un calendario solar lunar que dataría de al menos 1.500 años y fue encontrado contiguo al “Camino de los Indios”. “Eso nos habla de culturas que se trasladaron dejando sus conocimientos”, afirmó.

¿Menhires en Piñera?

Además del Camino de los Indios existen en los alrededores de Guichón otros elementos con potencial importancia arqueológica y cultural que es necesario investigar científicamente en mayor profundidad: menhires.

El pequeño pueblito de Piñera cuenta con lo que los lugareños califican como un valle de menhires en el que reconocen similitudes con el Valle de piedras alineadas de Sierra de la Ventana (Buenos Aires, Argentina) o los existentes en Tucumán, así como con otros existentes en Europa.

Un menhir es la forma más sencilla de monumento megalítico. Consiste en una piedra por lo general alargada, en bruto o mínimamente tallada, colocada de modo vertical y con su parte inferior enterrada en el suelo para evitar que caiga. Se desconocen los significados concretos que inspiraron el alzamiento y disposición de los menhires, formulándose en torno a ello conjeturas más o menos elaboradas y con mayor o menor rigor científico que los identifican como señaladores astronómicos y objetos rituales.

El valle de piedras alineadas de Piñera está ubicado en el denominado “Cementerio viejo” a 4 kilómetros al Sur de esta pequeña localidad, que a su vez está a 15 kilómetros al Este de la ciudad de Guichón, en el Departamento de Paysandú, Uruguay. Se encuentra a  1000 kilómetros del Valle del Tafi en Tucumán (Argentina), y a 800 kilómetros de la Sierra de la Ventana al sur de la provincia de Buenos Aires. En tanto, un petroglifo de Cuchilla del Fuego se encuentra distante unos 30 kilómetros de los menhires de Piñera.

Un legado cultural que es necesario rescatar y preservar

Los guichonenses que han venido impulsando la investigación de los valores patrimoniales y culturales del Camino de los Indios y los menhires de Piñera intentan llamar la atención sobre estas reliquias que permanecen a cielo abierto en un medio donde las producciones intensivas de cultivos de eucaliptus avanzan día a día.

Sienten que “los objetivos comerciales le ganaron a los humildes objetivos de desarrollo ecoturístico e histórico culturales de un pequeño grupo que luchábamos por nuestra naturaleza y el rescate histórico”, pero aún así continúan intentando hacer saber sobre los valores de estas reliquias y denuncian el riesgo de pérdida de las mismas por el desconocimiento y las prácticas de los modelos productivos que califican como “destructivos”.

“En algunos lugares el desconocimiento y el uso de herramientas para el laboreo de la tierra hizo que la traza del camino fuera desapareciendo, en otros como Rocha, se transformó en carretera para vehículos. En la zona de basalto superficial en el departamento de Paysandú, al no ser utilizado para la agricultura se había mantenido, pero el incentivo a los monocultivos de la producción forestal para la producción de celulosa ha llevado que los campos donde se encuentra la visible traza en parte se viene perdiendo y está la amenaza de que se siga perdiendo al seguir la expansión forestal y no tener ninguna protección legal de paisaje y valores culturales protegidos. Nuevos  tramos del Camino de los Indios, entre el Arroyo Corrales y el río Queguay Grande, contiguo al Cerro Grande o de la Virgen, tienen destino forestal. Alumnos de algunos centros educativos, personas de la zona del camino y de pueblos del lugar nos llaman para avisarnos preocupados por el tema y nos preguntan qué se puede hacer”, dijo Carlos Urruty.

En cuanto a las piedras alineadas de Piñera, posibles menhires, afirmó que las coincidencias físicas de los materiales líticos (piedras) con las formas de las encontradas en otras regiones de Argentina y otras partes del mundo son demasiadas. "Sus posicionamientos con relación a los puntos cardinales y cambios estacionales también coinciden y hasta son un calco de lo que describe la bibliografía para algunas regiones de América, Europa, Asia y África. Desde la Bretania francesa se conocen y respetan las construcciones pétreas llamadas menhires, caminos y otras obras antiguas que atraen a miles de turistas del mundo. Hay especialistas que estudian este tipo de infraestructuras en piedras, incluso han sido declarados patrimonio cultural. Son parte de la identidad y el desarrollo local”. En contraposición la impresión de los locales guichonenses es que “la academia es pobre e incompetente y que el Estado no es garante de una investigación objetiva, de la cual es probable que haya que aportar capacidades con experiencia extranjera para cotejar procedimientos y conclusiones".

El tema de la traza en los campos ha sido presentado por el maestro y escritor Gonzalo Abella y por Juan Carlos Palacio y el profesor Danny Silveira en congresos académicos internacionales realizados en Brasil.  “Una de las conclusiones que nos trasmitieron luego de esas participaciones refieren a la impresión que les causó el hecho de que en los países hermanos le den una trascendencia sustancial y el apoyo estatal para la investigación y conservación, así como la importancia que le otorgan a este tema las universidades”.  “Cuando en otros países del mundo se utilizan los elementos culturales como recurso para el desarrollo local a través del turismo aquí se les planta eucaliptus encima. Cuando en otros países del mundo se estimula la investigación, aquí no se asignan presupuestos”, afirmó Urruty al reafirmar que “estamos perdiendo la oportunidad de desarrollar comunidades basadas en el aprovechamiento de los valores culturales y el uso responsable de los recursos naturales”.

Texto: Carol Guilleminot Coello (publicado originalmente en la revista Quinto Día).
Fotos gentileza de Carlos Urruty

 

 

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